R. DESCARTES

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I. LA FILOSOFÍA MODERNA

     La Modernidad representa el resultado de un hondo proceso de transformación del pensamiento europeo a lo largo de un período de casi tres siglos. En este largo proceso que arranca desde finales de la Edad Media, el Renacimiento constituye un período de transición entre la Filosofía Medieval y la Filosofía Moderna, período que viene caracterizado fundamentalmente por tres fuerzas culturales, a saber: el Humanismo, la Reforma Protestante y el avance ininterrumpido de la Ciencia –factor éste último que influirá decisivamente en el advenimiento de la Modernidad. En lo relativo al terreno político y social, en este período tiene lugar la consolidación de los Estados Nacionales y de las Monarquías Absolutas, así como al crecimiento de la burguesía y del  vitalismo comercial.

    Lo primero que hay que advertir es que el Renacimiento es una época de crisis: es decir, época en que las convicciones vitales de los siglos anteriores se resquebrajan, cesan de regir, de ser creídas. El quebrantamiento de la unidad religiosa, el descubrimiento de la Tierra, la nueva concepción del sistema solar, la admiración por la vida y por la filosofía antiguas y, en definitiva, los intentos reiterados de desenvolver una sensibilidad nueva en todos los ámbitos de la producción intelectual son síntomas inequívocos de la gran crisis que atraviesa la cultura europea.

    El Renacimiento se presenta, pues, primero, como un acto de negación que se resuelve en la ruptura con el pasado, en la crítica implacable de las creencias sobre las que la humanidad venía asentándose. El realismo aristotélico y su sistema del Universo, que había servido de base a ese conjunto de convicciones , perece también con ellas. Pero el hombre del Renacimiento se niega a ser un náufrago en medio de la incertidumbre. Si el Renacimiento es la negación de todo el pasado filosófico, constituye también el angustioso afán de encontrar un nuevo punto de apoyo capaz de salvar al hombre y a la cultura del naufragio. Este nuevo punto de apoyo será la Razón, una Razón autónoma y cada vez más desteologizada.

         Las señas de identidad de este período de transición que culminará, en las primeras décadas del siglo XVII, en el asentamiento definitivo de la Ciencia Modernas en el inicio de la Filosofía Moderna (con Galileo y Descartes, respectivamente) son las siguientes:

- Frente al teocentrismo de la Edad Media, emerge una actitud antopocéntrica y naturalista que acentúa los aspectos naturales del hombre y prescinde de toda dimensión y destino sobrenaturales. Ello se traduce en una exaltación de la Naturaleza, de su fuerza y valor intrínsecos.

- En el terreno religioso, se afirma la Religión Natural esto es, una religión estrictamente racional y sin dogmas. El hombre aparece como dueño de su propio destino, siendo él quien libremente y con autonomía decide su propia conducta. Frente al protestantismo, el Humanismo Renacentista proclamará la bondad natural del hombre y, por ende, la no necesidad de la Fe y de la Gracia para su salvación.

- En el dominio de la Ciencia se produce un progreso ininterrumpido impulsado fundamentalmente por dos factores: por las necesidades de tipo técnico y por el descubrimiento de los textos científicos griegos, especialmente de Arquímedes y de los Pitagóricos. La actitud que domina el espíritu de la nueva ciencia expresa una confianza absoluta en la capacidad del hombre para extender más y más su dominio sobre la Naturaleza (el hombre puede dominar la Naturaleza, y el instrumento adecuado para ello es la ciencia). Como se puede observar, la concepción aristotélica de la ciencia como conocimiento puramente teorético deja paso a una concepción utilitarista de la ciencia. La nueva ciencia, la Ciencia Moderna, ya no aspira a la mera contemplación de la Naturaleza, sino al conocimiento de las leyes que rigen los fenómenos naturales con vistas a su dominio. Los nuevos descubrimientos científicos van socavando progresivamente los cimientos sobre los que se asentaba la imagen medieval del mundo, y que no eran otros que los principios básicos de la Física de Aristóteles (finitud del Universo; heterogeneidad de las sustancias terrestres y celestes; interpretación finalista del Universo; movimiento circular de los cuerpos celestes geocentrismo). Infinitud el Universo, heliocentrismo, movimiento elíptico y no circular de los planetas son algunos de descubrimientos científicos del siglo XVI. La ciencia estaba protagonizando una verdadera revolución que se plasmaría no sólo en la definición de un nuevo sistema del mundo, sino en algo todavía más importante y que sería de enorme trascendencia para evolución del pensamiento y de la ciencia occidentales, a saber: una nueva interpretación de la Razón y un nuevo método científico.

       El asombroso logro de la Ciencia Moderna fue el nacimiento de una nueva racionalidad que nos dio la clave de la inteligibilidad de la Naturaleza. Desde Copérnico (siglo XVI), y ya de un modo definitivo con Kepler y, sobre todo, con Galileo, el científico insiste en presentar sus descubrimientos en el lenguaje de las matemáticas. Los grandes fundadores de la ciencia occidental hicieron hincapié en la universalidad y el carácter eterno de las leyes de la Naturaleza. Buscaron y formularon esquemas generales, marcos unificadores generales, en los cuales todo lo que existe puede ser demostrado lógica o causalmente. Para esa racionalidad  todo lo que ocurre debería, en principio, ser totalmente explicable en función de leyes generales inmutables. Estas leyes eternas que el científico se proponía descubrir y formular determinan para siempre el futuro, tal y como habían determinado el pasado. Este modo de concebir la racionalidad y el método científicos llevaba aparejada una concepción mecanicista del mundo: el nuevo diálogo del hombre con la Naturaleza reveló a aquél una naturaleza que se comportaba como un autómata, ya que una vez programada funciona eternamente siguiendo las reglas inscritas en su programa. Ello, sin embargo, no resultaba incompatible con la idea de un Dios creador y conservador del mundo, pero la Naturaleza en sí misma podía ser considerada como un sistema dinámico de cuerpos en movimiento, cuya estructura puede ser expresada en términos matemáticos (Galileo, siglo XVII).

    Si bien es cierto que la nueva ciencia hizo de la experimentación, del método experimental, el instrumento de su diálogo con la Naturaleza, no se conformó con una observación pasiva de ésta, sino que se propuso someterla a sus interrogantes, a sus hipótesis teóricas. Este es el planteamiento que late detrás de las palabras de Galileo cuando dice "Estoy seguro, sin observaciones, que el efecto sucederá tal como digo, porque debe suceder así" o "La verdad que es sacada de las pruebas matemáticas es idéntica a aquella que conoce la sabiduría divina". La esencia de la Modernidad (esto es, la confianza absoluta en la Razón) se expresa por boca de Galileo y se plasma, como se puede ya advertir, en un desafío: que la Razón se desligue de toda autoridad, sea la de la tradición o la de los sentidos. La Ciencia Moderna inaugura así un nuevo periodo de la historia del pensamiento occidental que debuta con el inicio de la Razón como factor de dominio del mundo. Queda así justificada una de las primeras afirmaciones que se hacían al comienzo de estas páginas, a saber: que el desarrollo de la nueva ciencia constituye el factor cultural que más poderosa y decisivamente influye en el nacimiento de la Filosofía Moderna, entendiendo por tal una Filosofía propia e independiente que confía en la sola fuerza, en la sola luz de la Razón para construir todo el edificio del conocimiento.

    La Filosofía Moderna nace en el siglo XVII con DESCARTES. En sus Lecciones sobre la Historia de la Filosofía, Hegel exalta la figura de Descartes con las siguientes palabras: "Con Descartes entramos en una filosofía propia e independiente, que sabe que procede sustantivamente de la Razón (...) Esta filosofía, erigida sobre bases propias, abandona el terreno de la teología filosofante, por lo menos en cuanto al principio, y rechaza como ilegítima la exterioridad muerta de la autoridad.

    En efecto, Descartes inaugura una nueva época que se caracteriza por la autonomía absoluta de la Filosofía y la Razón. Las relaciones entre Fe y Razón, vinieron a constituir a partir del Averroísmo Latino una cuestión crucial para los pensadores medievales. Pero en ningún momento llegó el pensamiento medieval a afirmar la plena autonomía de la razón, que siempre quedó supeditada , de un modo u otro, a la autoridad de la Fe religiosa.

     Pero, ¿qué significa que la Razón es autónoma?

      Desde un punto de vista negativo, que su ejercicio no sea coartado por ninguna instancia y exterior ajena a la Razón misma, ya sea la autoridad, la tradición ola Fe religiosa. ‑y, desde un punto de vista positivo, que la Razón constituye el principio y el tribunal supremo. a quien corresponde juzgar de lo verdadero y de lo conveniente, tanto en el plano del conocimiento teórico como en el de la actividad moral y práctica. La Razón es el principio supremo y único en que se fundamenta el Saber.

    El segundo rasgo que caracteriza a la Filosofía Moderna, y que se cumple plenamente en la filosofía racionalista de Descartes ‑como tendremos ocasión de ver- es la aceptación de la matemática como modelo del saber que se pretende instaurar. El ideal "moderno" del saber es el de un sistema deductivo de verdades: todo nuestro conocimiento del Universo puede ser deducido a partir de una serie de ideas y principios evidentes y primitivos. Pero ¿ de dónde provienen esos principios y conceptos a partir de los cuales se puede deducir todo el edificio del conocimiento?.

     Pues bien, la respuesta a este interrogante fundamental es lo que va a definir las dos grandes corrientes del pensamiento en que se divide y desarrolla la filosofía moderna prekantiana de los siglos XVI y XVII: a saber, el racionalismo continental (representado por Descartes, Spinoza, Malebranche y Leibniz) y el empirismo británico (representado por Locke, Hume y Berkeley). Veamos cuáles son las señas de identidad que definen respectivamente a estas dos corrientes filosóficas:

RACIONALISMO: En líneas generales, racionalista es aquél que niega lo sobrenatural y la idea de la revelación divina de misterios (no existe prueba racional para demostrar la existencia de Dios). Sin embargo, esta caracterización genérica no es aplicable a Descartes (el gran representante del racionalismo continental) y tampoco constituye una diferencia específica del racionalismo frente al empirismo. Lo que diferencia de un modo claro y específico a ambas corrientes es la respuesta que cada una de ellas da a la pregunta del origen del conocimiento.

    El racionalismo continental es aquella doctrina según la cual nuestros conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden de la Razón, del entendimiento mismo (y no de los sentidos, cuya información sobre el mundo es, a menudo, confusa e incierta). Nuestro conocimiento acerca de la realidad puede ser construido deductivamente a partir de ciertas ideas y principios evidentes, y estas ideas y principios son innatos al entendimiento, esto es, el entendimiento los posee en y por sí mismo. Como se ve, el Racionalismo parte de la aceptación de verdades innatas a priori, esto es, de verdades que no provienen de la experiencia y que no necesitan de confirmación empírica. El único papel que el racionalista reconoce a la experiencia es el de servir de ocasión para que la mente, por su propia luz, llegue a percibir esas verdades: es posible, diría un racionalista, que yo perciba la verdad de un principio con ocasión de la experiencia, pero la verdad de ese principio no depende de la experiencia. Pues bien, el ideal del saber para el racionalismo es el de un sistema deductivo: deducir a partir de unos principios innatos y evidentes un sistema de verdades que informen o aumenten nuestro conocimiento factual del mundo, ello con la sola ayuda de la luz natural de la Razón. El pensamiento por sí solo. sin ayuda de la experiencia, es capaz de descubrir la estructura de la realidad. La certeza matemática y su método deductivo constituyen, pues, el modelo de método y el ideal de procedimiento para los racionalistas continentales.

    Sin embargo, debemos llamar ya la atención sobre otro de los rasgos que van a caracterizar al Racionalismo Continental (y que se verá claramente ejemplificado en la Filosofía de Descartes), a saber: el recurso a Dios como garantía última de la racionalidad de la realidad v de la veracidad de nuestro conocimiento sobre ella. Así, en Descartes la garantía de las verdades racionales, de nuestro conocimiento del mundo depende de la existencia de un Dios veraz que no puede engañarnos.

EMPIRISMO: Tal y como señalábamos al principio, la nueva ciencia había incorporado junto al método de deducción de la matemática otro componente, que era la atención a los datos empíricos y al uso de la experimentación controlada. La apelación a la autoridad y a la tradición había sido desahuciada en favor de la experiencia y de la comprobación empírica de las hipótesis, lo cual vino a estimular la teoría de que todo nuestro conocimiento, en contra de lo sostenido por el racionalismo, esta basado en la percepción, en el trato directo con los acontecimientos externos e internos. Pues bien, esta insistencia científica en acudir a los hechos observables como base necesaria de toda teoría explicativa encontró su correlativo y su justificación teórica en la tesis empirista de que todo nuestro conocimiento factual se basa últimamente en la percepción en la experiencia. El empirismo moderno (siglo XVIII) se caracteriza por constituir una respuesta histórica al racionalismo continental del siglo XVII, y puede ser definido como aquella doctrina de carácter epistemológico según la cual todo conocimiento verdadero y válido proviene de la. experiencia, y en particular de la experiencia de los sentidos. Todo conocimiento debe ser justificado recurriendo a los sentidos; sólo es verdadero conocimiento aquello que es confirmado por los sentidos. Por tanto, y frente al racionalismo, el empirismo niega la posibilidad de un conocimiento factual que informe sobre el mundo, mediante un razonamiento a prior esto es, independiente de la experiencia. El edificio de nuestro conocimiento no se deduce a partir de supuestas ideas y principios innatos (como sostenía el racionalismo), sino a partir de los datos de la experiencia y siempre dentro de los límites de la experiencia. Por tanto, el empirismo niega la existencia de principios innatos al entendimiento (el entendimiento es una tabula rasa) y afirma que todo nuestro conocimiento válido procede y tiene su límite en la experiencia.

 

 R. DESCARTES (1596-1650).  

     Nació en La Haye de la región francesa de la Turena. Estudió en el colegio jesuita de La Flèche. En líneas generales allí se seguía la enseñanza de la escolástica tradicional, que no respondía a los nuevos problemas de la época. Por ello al terminar sus estudios, Descartes decidió estudiar en "el gran libro del mundo", enrolándose en los ejércitos del príncipe de Nassau y viajando por Europa. En 1618, entra en contacto en Holanda con el médico Isaac Beeckman, que pretendía explicar todos los fenómenos mecánicos mediante la geometrización de la física. Sus primeros estudios siguen esa línea, desde donde irá construyendo su visión mecanicista de la naturaleza. Estudió también la tradición animista y cabalista. 

    Sus estudios se irán centrando en las matemáticas, tomando las proporciones numéricas con independencia del objeto al que se apliquen, lo cual le llevará a unificar la aritmética, el álgebra y la geometría, sentando las bases de la geometría analítica.

    Poco a poco va pensando en una "mathesis universalis", una ciencia general capaz de explicar todos los fenómenos naturales desde un método matemático. Las reglas del método de esa ciencia son enunciadas de manersa inconclusa en su obra Reglas para la dirección del ingenio(1628). Ese año se traslada a Holanda, continuando sus investigaciones de óptica y medicina. En 1633 decide prublicar su obra Tratado del mundo, en la que defendía posiciones cercanas a las de Galileo, en lo referente al movimiento de la tierra. Al ser condenado éste por la inquisición decide no publicar la obra, la cual retocada será publicada en 1637 con el título Dióptrica, meteoros y geometría, a la que puso como prólogo El discurso del método, prólogo de carácter autobiográfico, donde expone la necesidad de un nuevo modo de proceder en ciencia para dominar la naturaleza, con el que se garantice el recto proceder de la razón. En 1741 publicó las Meditaciones metafísicas, en las que sitúa la subjetividad humana como fundamento de la ciencia y del método. En 1749, va a Estocolmo invitado por la reina Cristina de Suecia, muriendo de pulmonía en 1950.

 II. LA UNIDAD DE LA RAZÓN.

 Ante la incertidumbre del momento histórico en el que se vive, así como ante el sentimiento de haber recibido una enseñanza inútil vacía, Descartes descubrirá que carece de un criterio válido para distinguir la verdad de la mera opinión.  Sin embargo, buscando ese criterio para orientarse, lo encontrará ya no en la naturaleza, ya no en Dios, sino en su propia interioridad, en su razón.  Al tratar de resolver su problema se dará cuenta de que la solución hallada no solo sirve para él, sino para todo el mundo.

 Descartes va a partir de dos presupuestos:

 1.-La Res cogitans (Sustancia pensante), la razón, es igual en todos los seres humanos.

2.-La diversidad de opiniones se origina por dos motivos:

 A-) Por los diferentes modos de guiarla

B-) La razón se aplica a diferentes objetos.

 Descartes afirma la unidad radical de la razón y del saber humano. Nos dice: "Todas las diversas ciencias no son otra cosa que la sabiduría humana, la cual permanece siempre una e idéntica aunque se aplique a diferentes objetos", y en el Discurso del Método insiste:

."La facultad de juzgar bien y de distinguir lo verdadero de lo falso, que es lo que propiamente llamamos buen sentido o razón es naturalmente igual en todos los hombres".

 Por lo tanto, el problema que se nos plantea es encontrar un método adecuado para dirigir esa razón; según Descartes si esto se consigue el hombre se podrá convertir en dueño y señor de la naturaleza.

Si en épocas anteriores el sentido de la vida venía dado por la naturaleza o por Dios, ahora será la subjetividad humana, entendida como razón, quien cree el sentido que ordena la naturaleza de acuerdo con sus propios intereses.  Nos dice Descartes: " Y como facultad humana, la razón no opera manifestando o descubriendo el orden divino del mundo, sino produciendo y estableciendo el orden en los conocimientos de las acciones humanas". La razón, planteada por Descartes, es la máxima expresión del humanismo iniciado en el renacimiento; la razón aparece, como el único centro, desde el cual edificar el conocimiento. Esa razón es autónoma y al servicio del hombre. Esa razón va a ser interpretada por Descartes como razón matemática; el único problema es encontrar el método adecuado para guiarla.

Si la razón es el instrumento, de la tarea a realizar, el cómo usarla adecuadamente, es decir el método se convertirá en un tema central de su filosofía. El fracaso del aristotelismo y de la escolástica ponen de manifiesto la necesidad de un nuevo método frente al modelo medieval que se fundaba en el silogismo, siendo inválido para la investigación científica; si éste era útil para aclarar lo ya sabido, sin embargo, no ayudaba a descubrir lo desconocido.

Según Descartes, la matemática hace posible una argumentación clara y segura que partiendo de cantidades conocidas despeja las incógnitas; por lo tanto, según Descartes, el espíritu de las matemáticas debería impregnar todos los ámbitos del conocimiento; al respecto, nos dice Descartes : "Aquellos largos encadenamientos, simples y fáciles, de los que se sirven igualmente los geómetras, para alcanzar sus más difíciles demostraciones, me habían dado ocasión de imaginar, que todas las cosas de las cuales el hombre puede tener conocimiento, se siguen del mismo modo y que, con tal de abstenerse de aceptar como verdadera una cosa que no lo sea y que se respete siempre el orden necesario para deducir una cosa de otra, no habrá ninguna cosa tan lejana a la que no se pueda llegar, ni nada tan oculto que no se pueda descubrir".  El método geométrico matemático aparece a los ojos de Descartes como el más correcto a seguir, mucho más cuanto que desde el renacimiento la ciencia tenderá a identificarse con lo mensurable u ordenarle.

 Sin embargo, es preciso demostrar que tal metodología, no sólo es válida para las matemáticas, sino que es aplicable en todos los campos del saber; por ello debemos demostrar el valor universal de dicho método; Descartes afirma que si la razón es común a todos los seres humanos y tiene una forma correcta de operar, en base a esa forma podemos crear un método aplicable a todos los campos del saber.  Descartes se propondrá por tanto una triple tarea:

1.-)Enunciará las reglas del método.

2.-)Tratará de fundamentar la validez universal de dicho método.

3.-)Tratará de demostrar la fecundidad del método en las diversas ramas del saber.

 III. EL MÉTODO.

 Descartes define el método como "el conjunto de reglas ciertas y fáciles, que hacen imposible, para quien las observa exactamente, tomar lo falso por verdadero, y, sin ningún esfuerzo mental inútil, sino aumentando siempre gradualmente la ciencia, le conducirán al conocimiento verdadero de todo lo que es capaz de conocer".

 Ese conjunto de reglas es enunciado por Descartes, el dos lugares, el 1ugares: en su obra inacabada, Reglas para la dirección del ingenio, donde expone 21 reglas y en la segunda parte del Discurso del método, donde todas las reglas se sintetizan en cuatro:

1.-)Regla de la evidencia.

2.-)Regla del análisis.

3.-)Regla de la síntesis.

4.-)Regla de la enumeración.

 1. Regla de la evidencia.

 Descartes opone la evidencia a la conjetura; mientras que en la evidencia la verdad se manifiesta de manera inmediata, no sucede así con la conjetura.  Dicha regla consiste en "no aceptar nunca ninguna cosa por verdadera, si no se la reconoce verdaderamente como tal; para ello es preciso evitar diligentemente la PRECIPITACIÓN y la PREVENCIÓN, y no comprender en mis juicios más que lo que se presente tan CLARA Y DISTINTAMENTE a mi espíritu, que yo no tenga ninguna ocasión de ponerlo en duda".

Por claridad, entendemos la presencia inmediata de una idea ante la mente que la considera. Por distinción entendemos la imposibilidad de confundir una idea con otra. La distinción sería, por tanto, la separación de las ideas, de modo que una no contenga nada de las otras; mientras que toda idea distinta es clara, no por ser clara una idea es distinta.

La precipitación consiste en tomar por verdadera una idea que es confusa.  Por prevención, entiende Descartes, negarse a admitir una idea a pesar de ser clara y distinta. El acto por el cual el alma llega a la evidencia es la intuición. ¿Cómo define Descartes la intuición?

 "No es el testimonio fluctuante y cambiante de nuestros sentidos, ni el juicio falaz de la imaginación erróneamente coordinada, sino un concepto de la mente, pura y atenta, tan fácil y distinto, que no queda duda de lo que pensamos, es decir, un concepto no dudoso de la mente que nace de la sola luz de la razón y es más cierto que la deducción".

 2) Regla del análisis.

 Consiste en "dividir cada una de las dificultades que se han de examinar, en el mayor número de partes posibles y necesarias para resolverlas mejor". Mediante el análisis se pretende llegar a lo que Descartes denomina naturalezas simples, que no se pueden dividir más, y que, por tanto, son claras y distintas; esos serían los primeros elementos de toda deducción.

 3) Regla de la Síntesis.

 Que consiste en "conducir mis pensamientos por orden, empezando por los objetos más simples y fáciles de conocer, para ascender poco a poco, como por grados, hasta los conocimientos más complejos, suponiendo que haya un orden, incluso entre los objetos que no se precedan naturalmente los unos de los otros".

Podríamos decir que el orden es para la deducción, lo que la evidencia es para la intuición.

 4) Regla de la Enumeración.

 Que consiste en "hacer en todo enumeraciones tan complejas y revisiones tan generales que estemos seguros de no omitir nada".

Mientras la enumeración sirve para comprobar el análisis, la revisión garantiza la síntesis. El análisis o división tiene un límite, que son los objetos más simples y fáciles de conocer, los elementos indivisibles a los que denomina naturalezas simples, los cuales representan, el último término del análisis y el primero de la síntesis, y son captados por intuición.

La deducción sería por tanto una intuición concatenada y sucesiva de naturalezas simples, pero a diferencia de la intuición, la deducción no necesita una evidencia presente, sino que se la pide prestada a la memoria.

 IV. LA SUBJETIVIDAD COMO FUNDAMENTO DE LA CERTEZA.

 Tras haber expresado en que consiste el método, vimos que la siguiente tarea a realizar era fundamentar la certeza; la condición que haga posible encontrar un fundamento para su método presupone encontrar una certeza de la cual no quepa la más mínima duda; para ello Descartes va a comenzar una crítica radical de todo el saber establecido; esa crítica conducirá a Descartes a suspender por una vez en su vida todo lo aceptado, a dudar de todo lo que quepa la más mínima duda y considerarlo provisionalmente falso.

A partir de esa duda radical, comenzará a buscar un principio y una verdad simple que no pueda ser afectada por dicha duda, y si la encontrara, sería el fundamento, modelo de toda certeza.

 La duda cartesiana tiene tres características:

1.-Es metódica.

2.-Es universal.

3.-Es teorética.

 Duda Metódica.

 Metódica quiere decir que Descartes va a dudar por método, que su duda no es para destruir, a diferencia de la duda escéptica, sino para construir.  El escepticismo en la época de Descartes era denominado pirronismo y afirmaba que en esta vida es imposible encontrar ninguna certeza, ya que la realidad es cambiante a cada instante y no hay nada firme a lo que asirnos; por lo tanto, ningún saber es posible; su actitud es la de la duda permanente, siendo imposible salir de ella, o, con otras palabras, no cabe ninguna certeza; la vida no sería otra cosa que movimiento, engaño de los sentidos, sueño o locura. En el fondo del barroco persiste este sentimiento; por el contrario, lo que trata de hacer Descartes es, partiendo de las mismas armas escépticas, partiendo de esa duda, combatirla; el decir, si llevando la duda escéptica a su radicalidad más absoluta, encontramos una intuición, una certeza de la que no quepa la más mínima duda, el escepticismo quedaría refutado, y esa certeza sería el fundamento a partir del cual comenzar a edificar el edificio de la ciencia.

 Duda universal.

 Esto quiere decir que hay que dudar de todo, lo cual supone reconocer el carácter incierto y problemático de los conocimientos de su época.

 Duda teorética.

 Por último decimos que la duda es teorética, en el sentido de que no debe extenderse al plano práctico, es decir, a las creencias religiosas o a los comportamientos éticos; la duda solamente afecta a la teoría y reflexión filosófica y científicas; de hecho, Descartes recomendará que mientras no se encuentre una cosa mejor, cada cual debe preservar en las convicciones en que le han educado sus padres.

 La duda de Descartes posee tres niveles:

 I.- Duda de los sentidos. Si los sentidos nos engañan algunas veces, nos podrían estar engañando siempre.

 2.-Duda del mundo exterior y de los productos de la imaginación. Cuando soñamos sentimos experiencias semejantes a las que tenemos mientras estamos despiertos sin que se pueda hallar un criterio seguro de distinción entre el sueño y la vigilia.

 3.- Duda  del buen funcionamiento de la propia razón humana. A las dos dudas anteriores, podríamos responder que hay conocimientos verdaderos, tanto cuando estamos soñando como cuando estamos despiertos, como es el caso de las matemáticas, ya que tales conocimientos no se basan en la realidad exterior, sino en contenidos puramente formales (juicios analíticos); sin embargo, Descartes, intentando llevar su duda al extremo, utilizará una metáfora, para mostrar que ni siquiera los juicios analíticos, escapan a la duda; no es  ilógico pensar la posibilidad de haber sido creados por un genio engañador que nos procura conocimientos aparentemente ciertos, pero falsos en realidad; con ello Descartes quiere afirmar la posibilidad de que nuestra razón funcione mal, es decir, la posibilidad de la locura.

 Si a partir de esta duda universal, pudiéramos llegar a una primera evidencia indudable, ésta se convertiría en el fundamento, a partir del cual verificar el conocimiento cierto.

Para Descartes hay una certeza que resiste todos los ataques de la duda y de la que es imposible dudar.  Puede que el contenido de mis sentimientos sea falso, puede que todas las ideas que imagino sean falsas, puede que todas las ideas que pienso sean falsas; ahora bien, nunca podrá ser falso que tiene que haber un sujeto pensante, alguien que piense, alguien que sienta, alguien que dude, alguien que se equivoque; por lo tanto, el pensamiento y la existencia se dan simultáneamente.

Quizá no exista el mundo exterior, quizá no exista mi cuerpo ni el tuyo, pero de lo que no puedo dudar es que existo como pensamiento.  Esta primera evidencia la expresa Descartes como sigue: "Cogito ergo sum".

 El cogito ergo sum es el principio buscado, es la idea clara y distinta en la que se debe fundar todo el edificio de la filosofía y el saber; no es una deducción, sino una intuición; no deduzco la existencia del pensar, sino que las dos, pensar y existir, se dan al mismo tiempo: lo percibo clara y distintamente.

Esa verdad es una verdad inmutable, pero tal proposición además de afirmar mi existencia, dice algo acerca de lo que yo soy. Puesto que hemos dudado de toda la realidad material, a la cual a partir de ahora le llamaremos res extensa, no podemos decir que existamos como cuerpos; por lo tanto, es que existo como cosa que duda, que piensa, como res cogitans.  Nos dirá Descartes lo siguiente: " La certeza de mi existir se enlaza sólo con el pensamiento y con sus determinaciones: el dudar, el entender el concebir, el afirmar, el negar, el querer, el no querer, el imaginar, el sentir, y, en general, todo lo que existe en mi y de lo cual tengo inmediata conciencia".  Las cosas sentidas, imaginadas o pensadas pueden ser falsas.  Las ideas que yo poseo, puede que sean falsas y que no representen ninguna realidad exterior, pero lo que no puede ser nunca falso es el acto de sentir, de pensar o imaginar; afirmar que yo existo supone afirmar que soy una sustancia que piensa, una razón, primando de esta manera al sujeto pensante sobre el objeto pensado, giro completo con respecto a las anteriores concepciones de la realidad.

El cogito ergo sum hasta ahora estaba cerrado sobre sí mismo; lo que tiene que hacer ahora Descartes, es comenzar a deducir la realidad externa a partir de cogito ergo sum. Ciertamente, basándome en el Cogito ergo sum, yo no estoy seguro más que de mi existencia, pero mi existencia es la de un ser que piensa, es decir, un ser que tiene ideas.

El cogito ergo sum me da la seguridad de que las ideas existen como acto de mi pensamiento, pero no me garantiza que lo representado por ellas exista fuera de mí de manera extramental, es decir, que lo que representan, exista objetivamente.

 V. DIOS (RES INFINITA).

 El problema con el que ahora se enfrenta Descartes consiste en demostrar la existencia del mundo exterior con certeza, a partir de las ideas. El contenido de nuestro pensamiento son ideas; por lo tanto, Descartes comenzará por analizar dichas ideas, y afirma que existen tres tipos:

 - Las ideas adventicias

- Las ideas facticias.

- Las ideas Innatas.

 Las adventicias son aquellas que parecen provenir del exterior, de las cosas naturales.  Las ideas facticias son las ideas formadas por mí mismo mediante mi imaginación y mi voluntad. Serían las ideas de las cosas quiméricas o inventadas. Finalmente, las ideas innatas son aquellas que no proceden ni de la experiencia externa ni de la construcción mental imaginativa, si no que el entendimiento las tiene en sí mismo por naturaleza.  Son para Descartes, esencias inmutables y verdaderas, verdades claras y distintas, es decir, son intuiciones. Por ejemplo, la idea de pensamiento, de existencia, de Dios, el principio de no contradicción, son para Descartes  ideas innatas.

Consideradas como productos mentales, no hay diferencia entre los tipos de ideas; las tres son actos mentales; ahora bien, si analizamos las causas que producen estas ideas, la cosa cambia bastante; mientras que las ideas adventicias y las facticias pueden ser equiparadas, ya que no contienen nada tan perfecto que no haya podido ser inventado por mí, sin embargo, entre las ideas innatas poseo la idea de Dios, la cual no la he podido producir yo, ya que no poseo ninguna de las perfecciones representadas por dicha idea.

 Sobre la causa que produzca la idea de Dios, Descartes da tres argumentos:

 a)  La causa de una idea debe tener tanta perfección como la representada por dicha idea, por esto la causa de una idea infinita no puede ser más que una Sustancia infinita. La simple presencia en mi de la idea de Dios, demuestra por tanto la existencia.

 b) Dios es concebido por mi idea como infinito y perfecto; si hubiese sido la causa de mí mismo, me habría dado las perfecciones que concibo en la idea de Dios. Como no es así, yo no me he creado a mí mismo y he tenido que ser creado por un ser cuya idea porto en mi mente.

 c) Así es imposible concebir un triángulo que no tenga los ángulos internos iguales a dos rectos, tampoco es posible concebir a Dios como no existente, ya que si es el ser soberanamente perfecto se ve clara y distintamente que la existencia debe ser una de sus perfecciones.

 De estas tres pruebas concluye o deduce Descartes la existencia de Dios; con Él, el criterio de la evidencia encuentra su última garantía. Si Dios existe y es perfecto y omnipotente, he sido creado por Él y no puede querer engañarme; con ello queda refutada la hipótesis del genio maligno. Con Dios queda garantizado el buen funcionamiento de mi razón, siempre que la utilice correctamente. Al mismo tiempo, queda garantizada también la existencia del mundo exterior.  Por lo tanto, todos los conocimientos que se presentan como evidentes, quedan exentos de la duda. La posibilidad de la duda, en cambio, permanece constante en el ateo; éste jamás podrá alcanzar la certeza.

La función que Descartes reconoce a Dios es la de garantizar la adecuación entre el sujeto pensante y el objeto pensado. Como muy bien afirmó Pascal, el concepto cartesiano de Dios está desprovisto de todo carácter religioso, ]reduciéndose tan sólo a ser el autor de las verdades geométricas y del orden del mundo.

 VI. EL MUNDO (RES EXTENSA).

 Hasta ahora hemos visto que tras el fracaso de los modelos científicos antiguos y medievales, fundados en la naturaleza y en Dios respectivamente, se había entrado en una época de incertidumbre, de escepticismo, de duda. El nominalismo había puesto de manifiesto esa crisis al mostrar la imposibilidad de llegar al conocimiento de universales; con otras palabras, desde el nominalismo se descubre que no se puede conocer qué son las cosas en sí mismas, que no se puede conocer la esencia universal. La pregunta por qué son las cosas, carece de respuesta en el ámbito del conocimiento. Esta situación conducirá a muchos a negar todo tipo de certidumbre y de conocimiento (escepticismo pirrónico).

Descartes inicia un nuevo camino, apoyado por el éxito de los trabajos matemáticos de la nueva ciencia (Copérnico, Galileo); su método es sencillo y conduce a certezas. Pero ese modelo consigue su simplicidad y éxito porque parte de la razón.

Descartes sospechará que la subjetividad humana entendida como razón es la fuente que permitirá superar la incertidumbre y abrir el camino de un nuevo conocimiento, capaz de llegar a dominar la naturaleza. Lo importante no será pues preguntarse qué son las cosas, sino como mi razón se representa las cosas, las relaciona y ordena, pues esa razón cree Descartes que es universal en doble sentido: es común a todos los hombres, pero también que la realidad externa se rige por leyes racionales. Por eso pensará que las matemáticas son una de las partes del gran saber, del gran orden racional al que todo está sometido; si existe un orden racional universal, tiene que poder establecerse una ciencia universal con un solo método, del cual las matemáticas tan sólo son una aplicación Esa gran ciencia será denominada por Descartes Mathesis Universalis.

Partiendo de la duda más extrema llega a una primera evidencia sobre la que no cabe duda alguna: yo existo como cosa que piensa, como substancia pensante (res cogitans); de esta intuición deducirá a continuación la existencia de Dios (res infinita) y con la existencia de Dios podrá finalmente deducir y sacar del escepticismo la existencia del mundo (res extensa). Con Dios queda garantizado:

 - Que mi razón funciona bien, siempre que la utilice correctamente, es decir, siguiendo el método.

- Que el mundo existe.

              Ahora bien,  ¿ qué podemos conocer, con certeza, con evidencia de ese mundo externo?, o con otras palabras, ¿de qué podemos tener intuición de la materia? Según Descartes, nosotros captamos dos tipos de cualidades a partir del mundo:

 Las cualidades impropias, que en realidad son debidas a nuestros sentidos (color, sabor, tacto, olfato, gusto...) y que por lo tanto siguen sometidas a la duda. No cabe pues ciencia de ellas (una de las características propias del racionalismo es no conceder ningún valor a la experiencia sensible impropia).

Cualidades propias que son aquellas que son un atributo propio de la materia. "La materia puede ser concebida falta de todas las cualidades que podemos atribuirle, pero nunca privada de extensión en longitud, anchura y profundidad", por lo tanto, la sustancia corpórea tiene sólo un carácter natural, la extensión; por el hecho de ser cuerpo se es extenso, por lo tanto, el enunciado  "ser cuerpo es ser extenso", tiene la misma certeza que "pienso, luego existo"; esa es la certeza intuitiva de la que debe partir todo conocimiento del mundo; por lo tanto, las cualidades propias de la res extensa serán las que deriven de su extensión. El mundo será denominado por ello substancia extensa, res extensa.

 Así pues, todas las propiedades de la materia tendrán que ser deducidas de su extensión; las propiedades de la materia, se reducen a su divisibilidad en partes y a la movilidad de las mismas.  De esa divisibilidad y movilidad surgirán los diferentes cuerpos materiales, que son modos de la res extensa; a esta teoría se la denomina mecanicismo, ya que considera al universo como una gran máquina, en la cual el movimiento local de las partes extensas es el principio explicativo de todos los fenómenos naturales. Todo movimiento está causado por un choque o por una presión, y ese movimiento consiste en una redistribución cíclica de los cuerpos.

 Según Descartes, Dios es la primera causa del reposo y movimiento, conservando inmutable esa cantidad de movimiento. Sería como un gran relojero que crea el reloj y, de vez en cuando le tiene que dar cuerda para que no se pare.

A partir de estos planteamientos, Descartes planteará una serie de leyes y principios del movimiento:

 1. Los cuerpos en reposo permanecen en reposo y los cuerpos en movimiento siguen en movimiento, salvo que algún cuerpo actúe sobre ellos.

2. El movimiento inercial es un movimiento en línea recta.

3. Principio de conservación de la cantidad de movimiento:

 a)  Si un cuerpo A en movimiento, choca con un cuerpo B, el cual tiene una resistencia al movimiento mayor que la fuerza que tiene para continuar su propio movimiento, entonces A cambia de dirección sin perder nada de su movimiento.

 b) Si A tiene más fuerza que B resistencia, entonces, A arrastra a B, perdiendo tanto movimiento como ceda a B.

 El universo que conocemos sólo es uno de los universos infinitamente numerosos que podrían haberse creado con estas leyes.  Mediante ellas, Descartes trata de explicar todos los fenómenos del universo y su estructura. Conceptos antiguos y medievales como los de animación y finalismo, desaparecen de la ciencia, siendo sustituidos por una explicación puramente mecánica. No hay materias cualitativamente distintas, y por lo tanto, tampoco hay movimientos diferentes. El desplazamiento de diversas partículas y de los agregados a que dan lugar explican las diferencias cualitativas; el mecanicismo cartesiano defiende, por tanto, la homogeneidad y constancia de la materia.

 Según lo visto, a partir de la subjetividad racional, Descartes ha deducido que existen tres sustancias:

 SUSTANCIAS                              ATRIBUTO                       MODOS

 Res cogitans                 Pensamiento indivisible        Almas racionales humanas.

Res infinita                                  Infinitud.

Res extensa                              Extensión                      Cuerpos extensos.

 

Para Descartes se entiende por substancia aquel ser que no necesita de otro para existir. Los atributos son las propiedades que expresan la naturaleza propia de una substancia y los modos son las propiedades accidentales de una substancia. En sentido estricto sólo Dios sería substancia, pero tras la creación y en sentido restringido, la materia y el alma son substancias separadas sin relación alguna. El ser humano es dual, formado por cuerpo y alma, cada uno independiente y que sólo se ponen en contacto a partir del la glándula pineal. Con ello Descartes intentaba subsanar el problema de la libertad. Descartes distingue entre acciones y pasiones. Las primeras dependen de la voluntad, las segundas del cuerpo y son involuntarias. Pasiones son los sentimientos, las emociones y las percepciones ligadas al cuerpo. La razón tiene que gobernar y dirigir las pasiones. Éstas presionan al alma en sentidos contrapuestos, empujándola unas veces a lo bueno y otras apartándola de él. Ante ellas, el ser humano tiene que guiarse por la razón y la experiencia, manteniéndose así dueño de su voluntad. Ese dominio de sí es ejercido mediante la prudencia.

 CONCLUSIONES:

             Con Descartes, aparece el pensamiento moderno, al desplazarse el criterio de certeza del objeto pensado al sujeto pensante, será la subjetividad humana, entendida como razón, el fundamento y modelo de toda certeza, de todo conocimiento; la verdad, ya no se hallará inicialmente, en la naturaleza o en Dios, sino en la razón humana, y de esta se deducirá la existencia, tanto de Dios como del Mundo.

 

Esquema de DESCARTES

-          Incertidumbre sobre los saberes de la época.

-          Imposibilidad de un conocimiento de la esencia de las cosas. El nominalismo había puesto de manifiesto la imposibilidad de un conocimiento de los universales.

-    La razón humana es común a todos los seres humanos.

-    Si es común, tiene que existir un método común para dirigirla. Si erramos es porque la utilizamos mal.

-  El método más seguro del tiempo, que Descartes tratará de generalizar a todos los saberes, era el matemático.

-  La validez del método depende de que parta de verdades claras y distintas: INTUICIONES INDUDABLES (CERTEZAS INMEDIATAS), y a partir de ellas comenzar a DEDUCIR verdades mediatas, como los teoremas matemáticos.

-    Las intuiciones son para Descartes IDEAS INNATAS sobre las que no cabe duda alguna por su simplicidad. Son NATURALEZAS SIMPLES que no pueden ser divididas ni confusas.

-          A partir de este planteamiento, Descartes sintetiza su Método en cuatro reglas.

 

MÉTODO:

     - Evidencia: Intuiciones de naturalezas simples, claras y distintas: ideas innatas.

     - Análisis: Descomposición en partes simples.

     - Síntesis: Ir de lo más simple a lo complejo.

      - Enumeración: Recontar y repasar para no dar pasos erróneos o saltar algo.

Para que el método dé resultado debe partir, pues de certezas. Esas certezas habían sido puestas en cuestión por el escepticismo. Por lo tanto la primera tarea de Descartes será encontrarlas, rebatiendo el escepticismo.

                                                                                          

Ante  el pirronismo escéptico, Descartes planteará la DUDA que supone supone suspender provisionalmente todos aquellos conocimientos sobre los que cabe la más mínima incertidumbre.

Caracteres de la duda:

Metódica : Duda para salir de la duda, buscando la certeza.

- Teorética:   No se extiende a la moral y la religión.

- Universal:  Abarca todo el ámbito del conocimiento del que quepa la más mínima incertidumbre.

 

 

¿ De qué cabe dudar?

-  a) De la sensibilidad    à  Los sentidos nos pueden engañar.

-  b) Del mundo exterior à   Puede ser producto de una ficción de la imaginación o de un sueño.

-  c) De la razón              à   Hemos podido ser creados por un genio maligno engañador.

a)     y b) suspenden la seguridad de los juicios sintéticos sobre hechos.

c) suspende la seguridad de los juicios analíticos de las matemáticas y la lógica.

 

 

¿ De qué no podemos dudar?

Hay algo de lo que no se puede dudar: pensar y existir se dan al mismo tiempo. Aunque lo que piense sea falso, aunque mi razón funcione mal, exista o no el mundo exterior, para poder equivocarme, en el momento en que pienso, existo. Así llega Descartes a la primera certeza clara y distinta, a la primera intuición que será el fundamento del conocimiento y modelo de toda certeza:

COGITO ERGO SUM: Tengo plena certeza de que existo como sustancia pensante, espiritual; de mí como cuerpo todavía no tengo ninguna certeza, ya que las sensaciones las he puesto en duda.

Pensar y existir se dan al mismo tiempo, sin posibilidad de duda. Esa afirmación es una naturaleza simple, UNA INTUICIÓN CLARA Y DISTINTA, SIN CONFUSIÓN POSIBLE.

Esta es la primera certeza y el fundamento de la evidencia, el modelo que ha de seguir toda certeza.

La primera evidencia versa, no sobre la naturaleza o Dios, sino sobre la subjetividad humana.

Soy con certeza una RES COGITANS ( substancia pensante). Su atributo es la indivisibilidad del pensamiento.

 A partir de esta intuición, Descartes empieza a deducir:

 

Los contenidos del pensamiento son IDEAS.

Las ideas en cuanto a su origen pueden ser de tres clases:

- Adventicias, parecen venir del exterior.

- Ficticias, producidas por mi imaginación.

- Innatas. Una de ellas es la infinitud.

Mientras que los dos primeros tipos de ideas no tienen nada tan perfecto que yo no lo haya podido inventar, Descartes piensa que la idea de Infinitud sólo ha podido ser puesta en mí por un ser infinito; ese ser es DIOS.

De la simple idea de Dios, Descartes deduce su existencia. La segunda certeza que tenemos es pues la existencia de una RES INFINITA ( Dios),  BUENA Y OMNIPOTENTE, que aunque pueda no quiere engañarme.

 

 

De la existencia de la RES INFINITA (DIOS: substancia infinita) deduce:

- Que mi razón funciona bien. Dios por su poder y bondad no puede  querer engañarme: Refutación de la locura y el genio maligno.

- Que existe el mundo exterior, el cual es la causa de mis ideas adventicias.

- Que el mundo exterior es racional y puede ser conocido por la razón siempre que la utilicemos correctamente.

Así llega Descartes a su tercera certeza: EL MUNDO MATERIAL EXISTE.

 

Pero, ¿qué puedo conocer de él con certeza?

Las ideas adventicias se presentan a mi mente bajo dos tipos de cualidades:

a)       Impropias: Derivadas de nuestros sentidos. De ellas no cabe un conocimiento seguro.

a)       Propias: Derivadas de la misma materia. La materia la puedo concebir a falta de todo, menos de EXTENSIÓN. Sólo puedo conocer con certeza el mundo exterior concebido como RES EXTENSA         ( substancia extensa) Al igual que pensar y existir se daban al mismo tiempo, no cabe materia sin extensión. La extensión es el atributo esencial de la materia. Sólo cabe un conocimiento cierto de la materia cuando parto de su atributo propio: la extensión y de sus caracteres:

Magnitud, número, figura, movimiento y duración. La física sólo podrá establecer un conocimiento cierto sobre el mundo material a partir de la cuantificación de estos caracteres.

El estudio de la naturaleza se reduce al estudio de la divisibilidad de las partes materiales y a su movimiento. La naturaleza es concebida como una gran máquina: MECANICISMO.

 

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