GUILLERMO DE OCKHAM. ( 1298-1349)

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LA SEPARACIÓN DE LA RAZÓN Y LA FE

         Hasta el siglo XIV la polémica entre razón y fe había girado en tomo a dos actitudes fundamentales:

-          Considerar posible la demostración racional de la verdad revelada.  En esta actitud se identifican los objetos y actos de la filosofía y la teología. No habría distinción entre filosofía y teología.

-          Distinción de la razón a la fe, diferenciando entre objetos y actos. Y dentro de ésta actitud habría quienes defendían la separación absoluta o bien la coordinación en ciertos ámbitos comunes, pero subordinando siempre la filosofía a la teología.

Si la primera actitud procedía del platonismo, la segunda procede del aristotelismo cristiano y, en especialmente de Santo Tomás. Sin embargo, ya se había puesto de manifiesto la existencia de actitudes discrepantes con respecto a la subordinación de la filosofía a la teología como vimos en Averroes y en Siger de Bravante. El siglo XIV será el inicio de la primacía y separación tajante entre la razón y la fe y, poco a poco, la filosofía, la política, la ciencia, el arte..., comenzarán a deslindarse de su dependencia teológica. A ese proceso se le denomina secularización de la cultura. Tal proceso se inicia con el nominalismo, cuyo máximo representante fue Guillermo de ockham.

El pensamiento del siglo XIV representará la bancarrota del edificio del saber medieval al mostrar la imposibilidad de fundar el conocimiento del mundo en los atributos divinos establecidos por la revelación; Dios no es un objeto de razón que puede llegar a ser conocido por nuestro entendimiento. El nominalismo, frente a anteriores corrientes que sometían la voluntad divina a las esencias de su entendimiento, propondrá la absoluta libertad y omnipotencia divina; lo mismo que Dios ha querido que el mundo sea como es, podría haberlo querido de otra manera, ya que las formas o ideas no pueden coartar su libertad.  No es que Dios sea bueno o malo por esencia, como si tuviera que serlo necesariamente según esas esencias, sino que algo es bueno o malo porque lo desea su voluntad; si Dios lo quisiera, podía hacer que lo que es amor fuese odio y viceversa.

             Con estas consideraciones, Ockham, - recordad todos el personaje central de " El nombre de la rosa"-, fraile agustino, no pretende combatir el orden moral establecido por Dios, sino resaltar su libertad y omnipotencia frente al entendimiento humano.  Ockham resalta, en contraposición al Dios del entendimiento, propugnado por agustinianos y tomistas, el Dios de la voluntad de designios inexcrutables para nuestro entendimiento, en el cual tan sólo podemos creer, pero nunca conocer.  En ello radica la actitud del agnóstico- fideísta: de Dios nada podemos saber por la razón, pero nos resta la fe.

             El nominalismo eliminará las zonas de intersección entre la razón y la fe, siendo diferentes tanto sus fuentes de información como sus contenidos: Las proposiciones reveladas son declaradas indemostrables. Al escindir los dos ámbitos se hace imposible todo tipo de demostración sobre la existencia de Dios o sus atributos, a los cuales sólo nos podemos acercar por la fe.  Es cierto. como afirmaba Tomás para demostrar la necesidad de la existencia de Dios, que todo efecto tiene una causa, pero esto no basta para afirmar cuál sea esa causa en cada caso.  Para el nominalismo sólo cabe un conocimiento humano: aquél que se basa en la observación de las causas concretas de los fenómenos naturales.  Por ello, si bien podemos decir que tiene que haber una primera causa de la que procede el universo, sin embargo, no podemos concluir a partir de nuestra observación que esa causa sea el Dios creador de la fe cristiana.

            Esta nueva visión de lo que es cognoscible racionalmente se debe a la crítica que el nominalismo hizo a la teoría medieval del conocimiento, la cual, procedente de Platón y Aristóteles, afirmaba que sólo había conocimiento de las formas universales y nunca de los individuos concretos.

 TEORÍA DEL CONOCIMIENTO.

         Según Ockham, existen dos tipos de conocimiento:

 a)      El conocimiento abstracto, que versa sobre las ideas y establece relaciones entre ellas. Sin embargo, no existe garantía de que esas relaciones correspondan a las relaciones que las cosas guardan entre sí en la realidad.

b)      El conocimiento intuitivo, único que posee certeza cuando hablamos de la realidad. Para que una proposición no sólo sea coherente, sino que también hable de la realidad, necesita de la evidencia inmediata presentada por los sentidos. A eso se denomina conocimiento intuitivo. La validez de este conocimiento está garantizada por la cosa conocida, ya que su causa es directamente ella misma. Pero entonces lo único que podemos conocer con certeza son cosas concretas, individuos, ( Juan, Antonio, éste perro...), no formas universales, ni especies. Pero entonces, ¿qué pasa con los conceptos ( el hombre, el perro...) que expresan lo universal ?

             Cuando pensamos y hablamos utilizamos conceptos. Decimos, por ejemplo que " el hombre es un animal racional" o que "los árboles tienen hojas". No nos referimos, pues, a un hombre concreto o a un árbol particular, sino a la pluralidad de individuos de una especie.        ¿ Qué estamos designando con esos términos? ¿qué significan, cuál es su referente?

            Los términos que componen las proposiciones del lenguaje hacen las veces de los objetos que expresan, están en su lugar. Eso es la función de significar. Según nuestro autor hay tres clases posibles de significación:

 a)      La significación material, cuando el término significa la palabra misma que lo constituye. Por ejemplo, cuando decimos: " hombre es nombre común, masculino, singular".

b)      La significación personal, cuando el término se refiere a un individuo concreto y real. Por ejemplo, cuando decimos, " Antonio es profesor de filosofía".

c)      La significación simple, cuando el término hace las veces no de un individuo concreto, sino de una pluralidad de individuos. Por ejemplo, cuando decimos " el hombre es un animal racional".

             De los tres tipos, el único que constituye un problema es la significación simple. Si sólo existen individuos y cada individuo es diferente, ¿ cómo un término se refiere a una pluralidad de ellos ? Todo objeto concreto puede determinar al entendimiento a concebirlo o bien confusa, o bien distintamente. Es confuso el conocimiento de las cosas cuando el entendimiento no es capaz de distinguir unas de otras, y es distinto cuando puede hacerlo. Si vemos de lejos a un individuo y no somos capaces de distinguir de quién se trata, decimos que se trata de "una persona". El término "persona" se refiere a un individuo concreto confusamente conocido. Pues bien, esto es lo que ocurre con los conceptos universales. La universalidad no es más que una propiedad que poseen los términos y que consiste en hacer las veces de un objeto cuando éste ha sido conocido confusamente. En sentido estricto los universales no designan nada. No existen cosas que sean formas universales. Para el nominalismo sólo existen cosas individuales: las formas universales se limitan a significar realidades palpables, sin que existan fuera de la mente.  El universal es un símbolo de las cosas individuales. No hay que multiplicar los seres existentes sin necesidad y menos sin certeza de su existencia ( navaja de Ockham).

 PODER ESPIRITUAL Y PODER TEMPORAL.

    Portavoz de la parte franciscana de los "espirituales" que defendían la pobreza clerical, será excomulgado por Juan XXII y perseguido por motivos de conciencia; refugido en la Corte de Luís de Baviera, apelará a la opinión pública frente a la autoridad papal, que se amparaba en la plenitudo potestatis.

El objetivo de Guillermo será afirmar la independencia del cuerpo de creyentes cristianos contra las pretensiones imperialistas del papa.

El conflicto se planteará en la época como una lucha entre la iglesia universal y apostólica y la iglesia de Avignon en su babilónico cautiverio al servicio de Francia. De esta disputa por liberar la fe nacerá la quiebra de la estructura tomista entre razón y fe. En este sentido frente a Marsilio de Padua que continuaba el averroísmo latino, Guillermo de Ockham será un continuador de la tradición iniciada por Duns Scoto, que distinguía tajantemente entre razón y fe.

Para Duns Scoto mientras que la teología se refiere a cosas sobrenaturales conocidas por la fe a través de la revelación y con usos morales, la filosofía se limita a las verdades teóricas dentro del poder de la razón natural. Siguiendo este camino, Ockham separará tajantemente razón y fe. La razón se libera de la teología, la cual quedará limitada al ámbito de lo incognoscible. En segundo lugar, separará razón y voluntad, siendo la segunda un poder espontáneo de acción no determinado por la razón.

 Esas dos separaciones conducirán a la destrucción del tomismo y tendrán consecuencias importantes en los planteamientos de teoría jurídica que se concretan en:

 - La defensa de la necesidad de poner un freno representativo al poder arbitrario papal.

- La negación de que el poder del emperador derive del poder papal. Por el contrario Ockham defenderá que tal poder deriva de la elección por un colegio de electores, el cual representa al "pueblo" y habla en su nombre.

Guillermo distinguirá las dos potestades y aborrecerá cualquier poder arbitrario, papal o imperial, al margen del derecho. Todo ejercicio de autoridad tiene que estar justificado por el bien común y por su consonancia con la justicia natural y la sana moral. Sin esa sanción la fuerza es arbitraria y el gobierno es bandidaje a gran escala. Ese bandidaje es atribuido a Juan XXII, quien había excedido sus poderes estableciendo, según Guillermo, dogmas contrarios a la Escritura e invadiendo los derechos eternos y naturales de los gobernantes seculares y de los cristianos. El papa se había convertido en un tirano. Para nuestro autor la soberanía papal adolecía de dos defectos:

- Era una herejía desde el punto de vista cristiano.

- Era una desastrosa innovación que había llenado a Europa de discordias al invadir el derecho de los gobernantes desde el punto de vista político.

Frente a esa tiranía opondrá la TEORÍA CONCILIAR, con el fin de dotar a la iglesia de un gobierno que pudiese decidir con menor arbitrariedad las cuestiones de creencias y prácticas cristianas. Los juicios papales no siempre son válidos y la mejor solución sería crear un concilio general que pusiese frenos al poder de la jerarquía y lo hiciese constitucional. No es que el Concilio fuese más infalible que el papa, pero el error sería menos probable. Él creía que la decisión final sobre cualquier punto de doctrina correspondía al cuerpo vivo de la iglesia, depositario de la revelación divina.

EL FIN DE LA EDAD MEDIA Y EL RENACIMIENTO.

             Esta actitud conducirá a la secularización de la razón y de todos los ámbitos relacionados con ella: la ciencia. la política. el arte, la filosofía, el derecho... Estos campos racionales no buscarán ya su fundamento en Dios, puesto que el camino había sido cerrado por el nominalismo, sino en el mismo hombre, en su razón, en la subjetividad y naturaleza humana. Cuando esto suceda habrá nacido una nueva época, el Renacimiento.  Un texto renacentista que expresa el cambio de mentalidad es el siguiente:

 "Tú que no eres ciudadano del cielo ni de la tierra, que no eres inmortal ni estás sometido a la muerte; tú, que casi eres artífice libre y soberano de ti mismo, plásmate, escúlpete en la forma que quieras".

             Frente a la virtud religiosa se alza la virtud humana, el arte humano que reconoce la historia y el tiempo; es curioso que para los italianos "virtú" signifique "poder hacer libremente".

            A partir de este momento, conocer es observar y dejar de preguntar " ¿qué son las cosas?", a lo que se respondía con las esencias, para preguntar" ¿ cómo es lo que yo observo ?" y " ¿ qué relaciones cuantitativas puedo establecer entre ellas?", es decir, " ¿ cómo la subjetividad humana se representa la naturaleza ?".

            Dios seguirá siendo el fundamento de la religión, pero la vida mundana comenzará a secularizarse, dudando del saber establecido como verdad por las antiguas autoridades, sin el recurso a la experiencia.  Poco a poco se irá gestando una profunda transformación de la conciencia europea, que podríamos caracterizar por cuatro elementos:

  1.   Secularización progresiva de la conciencia.

2.   Descubrimiento de la subjetividad humana.

  3.   Cambio del modelo científico: La revolución copernicana, la cual se concreta en dos factores:

       a)     Paso de una concepción medieval que consideraba el cosmos cerrado, finito y jerarquizado, a un universo infinito, con las mismas leyes para todos sus componentes.

       b)     El primer factor es posible ya que la concepción medieval aristotélica según la cual, en cada parte de universo y según el lugar que ocupen en él, hay cuerpos de mejor o peor composición, es sustituida por una concepción euclideana, donde todo el universo tiene los mismos componentes y, por consiguiente, las leyes físicas son universales.

            Si tuviéramos que resumir el gran cambio producido entre la Edad Media y el Renacimiento, nada mejor que dos concepciones de la tarea del poeta, expuestas por Plotino, autor medieval y por el renacentista Salutati:

                  Plotino:  " El poeta revela la toma de contacto de lo humano con lo divino".

                Salutati:    El objeto de la poesía son " las grandes obras de la naturaleza y del hombre que la inflamada fantasía convierte en cosas absolutas".

 

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